El duelo y el tiempo de coronavirus
Las fases del duelo en tiempos del coronavirus. . Tenemos que entender que en todo cambio, por duro que sea, hay oportunidades para seguir aprendiendo, creciendo y avanzando como personas y como sociedad.

Cuando se trata del brote de coronavirus, ¿cuál es la palabra relacionada con la salud mental que más escuchas? Si dijiste «ansiedad», no estás solo.

Muchas personas están experimentando una pérdida muy dura como resultado de esta pandemia: pérdida de vidas, pérdida de seres queridos, pérdida de salud, pérdida de empleos e ingresos. Para aquellos que están perdiendo seres queridos en este momento, también existe la pérdida de la posibilidad de de juntarse para apoyarse y poder llorar juntos.

Lo que estamos viviendo afecta nuestra salud emocional, no existe una jerarquía de dolor, el dolor es dolor.

Ahora necesitamos conocer las etapas y las emociones a las que nos vamos a enfrentar. Reconocerlas nos va a ayudar a afrontarlas de un modo más amable. A desarrollar una mentalidad positiva a pesar de las circunstancias.

Tenemos que entender que en todo cambio, por duro que sea, hay oportunidades para seguir aprendiendo, creciendo y avanzando como personas y como sociedad.

Por un lado tenemos que:

1. Reconocer el dolor. Aunque la ansiedad es desagradable, puede ser más fácil reconocer la ansiedad que reconocer el dolor. Eso es porque hay dos tipos de ansiedad: ansiedad productiva y ansiedad improductiva. Podemos convertir nuestra ansiedad en algo productivo (usando nuestra preocupación para tomar medidas como lavarse las manos, distanciarse socialmente, enviar comidas a familiares mayores o llamar a un vecino que vive solo) o improductivo (pasar todo el día haciendo clic en los últimos titulares de coronavirus )

El duelo, por otro lado, es un proceso mucho más silencioso. Nos obliga a sentarnos con nuestro dolor, a sentir una especie de tristeza que nos hace sentir tan incómodos que tratamos de deshacernos de él. Así como nuestros hijos necesitan que se reconozca su dolor, también debemos reconocer el nuestro. Tendemos a confundir sentirnos menos con sentirnos mejor, pero es útil recordar que los sentimientos todavía están ahí; simplemente saldrán de otras maneras: en la incapacidad de quedarse quietos, de mal genio (lo cual es especialmente problemático en cerca), en la falta de apetito o en la lucha por controlar el apetito, en la incapacidad para concentrarse o dormir.

Cuanto más podamos decirnos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean, «Sí, estas son pérdidas significativas», más vistos y aliviados nos sentiremos.

2. Mantenernos en el presente Con el Covid-19, además de las pérdidas tangibles, existe la incertidumbre sobre cuánto durará esto y lo que sucederá a continuación que nos deja llorar nuestras pérdidas actuales y las que aún no hemos experimentado.

El dolor ambiguo puede dejarnos en un estado de duelo continuo, por lo que es importante para nosotros permanecer en el presente. En lugar de adelantarte al futuro y ser catastrofista reflexionando sobre las pérdidas que aún no han sucedido (y que quizás nunca sucedan), podemos enfocarnos en el presente, podemos sentirnos perdidos en el presente y también sentirnos seguros exactamente donde estamos, leyendo un buen libro, comiendo y hablando con nuestras familias, hablando con nuestros amigos y familiares, e incluso celebrando un cumpleaños, a través de videollamadas.

Es posible que hayamos perdido nuestro sentido de la normalidad, pero aún podemos estar presentes para lo ordinario que tenemos frente a nosotros.

3. Deja que las personas experimenten pérdidas a su manera. Aunque la pérdida es universal, las formas en que nos afligimos son profundamente personales.

No hay una talla única para el dolor. Incluso las etapas familiares de duelo de Elisabeth Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión, aceptación) no deben ser lineales. Todos se mueven a través de la pérdida de una manera única, por lo que es importante dejar que la gente haga su duelo de cualquier manera que funcione para ellos sin disminuir sus pérdidas o presionarlos para que sufran de la forma en que tú estás.

Estas son las fases del duelo por Elisabeth Kübler-Ross:

  1. Fase de negación: se niega la realidad como mecanismo de defensa al duro golpe recibido.
  2. Fase de ira: es una fase complicada, ya que nace de la frustración por tomar conciencia de la pérdida, y nos empuja en ocasiones a buscar responsabilidades. El enquistamiento requiere de ayuda inmediata.
  3. Fase de negociación: es la fantasía la que conduce esta fase, la ilusión de recuperación de la pérdida, por lo que su duración es escasa al confrontar duramente con la realidad. El enquistamiento aquí podría darse en forma de delirios.
  4. Fase de depresión: una vez abandonada la ilusión de cambio, y confrontada la realidad, el duelo nos sume en una honda tristeza. Es la fase previa a la aceptación, porque al tocar fondo, ya solo podemos renacer, pero también la más peligrosa si se produce el enquistamiento, ya que puede dar lugar a psicopatologías serias como la depresión mayor.
  5. Fase de aceptación: se acepta la pérdida, y la persona poco a poco va permitiéndose recuperar su vida. El recuerdo siempre estará ahí, pero la forma de enfrentarse a él, irá cambiando a medida que pase el tiempo.

La psicóloga Irene Giménez hace estas recomendaciones en los tiempos de confinamiento que estamos viviendo y en los que las familias que están enfrentándose al duro proceso de pérdida de un ser querido, sin poder efectuar el ritual de despedida, lo cual sumado al hecho de que no hay fase de preparación (la enfermedad ha llegado de forma súbita), generan un profundo dolor y dificultan avanzar en las etapas necesarias de aceptación del duelo.

En estos casos, puede resultar terapéutico el realizar una despedida simbólica. Cierto es, que dicha despedida cobra más sentido si se realiza socialmente, es decir, si participan varios miembros del entorno del ser querido fallecido (familiares cercanos o amigos). Para realizar una despedida simbólica, es importante que aquello que representemos tenga un sentido para nosotros, y sea también importante para la persona que falleció (una lectura, un lugar…).
Si, como está ocurriendo con el confinamiento al que nos enfrentamos en la actualidad, tampoco es posible por ahora realizar dicha despedida o ritual simbólico que nos permita avanzar de un modo sano y adaptativo (y no con enquistamiento patológico) en las distintas fases del duelo, al no poder agruparnos socialmente, una alternativa podría ser escribir una carta.
En “la carta” podremos plasmar todas aquellas cosas maravillosas de nuestro ser querido, cosas que nunca olvidaremos y que nos encargaremos de recordar siempre, pero al mismo tiempo, nos permitiremos plasmar la despedida, decir “adiós”, lo cual no significa olvidar, sino permitirnos avanzar a pesar del dolor. Para que la carta resulte terapéutica es importante que sea leída (en grupo o de forma individual), por lo que podremos hacerlo utilizando canales online en estos días, u otras vías de comunicación (teléfono, etc.)…

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